Oda a mi amor

Cálida noche en grata compañía, más que un sueño que se hace realidad, caminar entre nubes con los pies descalzos y sentir el roce más puro de un algodón; el divino calor de tu aliento lo siento en mi cuello, eriza la piel de mi cuerpo desnudo, contigo, mi ser amado. Fusionados nuestros deseos en un abrazo eterno e idílico, atados del alma. Observar aquellos ojos de Minerva sembrados en dulce color miel; sabiendo la poesía de tu historia que son míos y de nadie más; me miran fijamente, deseándome y tú los vas descubriendo ante mí, mostrándome a través de ellos aquel espíritu que va absorbiendo en cada impulso las palpitaciones de mi corazón enamorado, profundamente entregado a la pasión desbordante. Un instante mirando tus labios de rubí y otro instante poseyéndolos, entrelazando mi lengua con la tuya y rozando las perlas perfectas de tu boca, aquel sabor de hogar que me rememora tu saliva; perdición fatal. Allí recuerda el poeta los días de vagar cual extranjero universal, tratando constantemente de jamás olvidar tu pecho vivo y tus alas de mariposa; Oh tú mi esposa; la rosa que crece en el jardín de mis sueños.

¿Cómo no cantarte musa? emancipación del vate que llevas en tu corazón; respóndeme ¿cómo por ti no se pierde la razón? El despertar de mis mañanas con tus cabellos enredados en la pluma de mi inspiración, acariciarte, hacerte sentir lo que eres; el motivo y la princesa que habita en mi torre de marfil. Habla musa de la esperanza del amor, que cada momento renace y se hace común en nuestro pensar, es realidad. Que tu voz de oro hecha palabras me lleva al Eufrates musical de la entrega; sirena que con su canto me atrapa y se apodera de mí, suavemente. Y sí mujer; cuando te poseo se me nubla el pensamiento y se me derrama el sentimiento, arde la llama de la pasión y me desboco mordiendo cada parte de tu cuerpo, hasta que tu espalda me hace caer en trance y perder el dominio de mis actos mas no de mis deseos que llegan hasta su meta: tú. Trabajar mutuamente pues; fundirnos en el sudor y el fluido de nuestros cuerpos, largo tiempo, hasta hacer en la penumbra de la alcoba, nuestra única verdad más placentera: el amor. Somos pureza, fuego que quema nuestro sexo y unión utópica de la contradicción; Oh mujer! puedo alabarte toda la vida, puedo adornarte y con mi amor hacerte más bella que nunca; reflejo de lo que tú, mi salvadora, logras en mi.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

dios que amor que amor jojo

Alba E. Tirado dijo...

Rumbo a los 7 años... estamos uno por detras de Chavez jeje

Cris dijo...

Que bonita Alejandra con el cabello negro!

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