Ecstasy

Dedicado a ti, mi otra mitad, Alejandra... a lo que significas...



Cerrar los ojos en medio de la noche pálida y fría, humilde; con nada vestía. Observar aquellas ráfagas de incandescente luz que se dedicaban a acariciar mis ojos; los halaban una y otra vez, siempre hacia un lado. El sonido vago y divino de la voz de una tierna mujer acariciaba mis oídos, me calmaba y me llevaba más allá de lo imaginable. Me recosté en su regazo ¿dónde más puede ser? y suavemente la locura me invadía, completamente. Mis dientes apretados entre sí me recordaban que aun era de carne y hueso, que no estaba en el paraíso pero como lo palpaba. Mi cuerpo, totalmente horizontal, se entregaba sodomizado a sus caricias, a la palma de su mano que me recorría de pies a cabeza, tan dueña de mí, conociendo cada rincón. Aquel calor de compañera y amante, de madre quizás ¿Quién sabe? algunas veces la mujer es tan perfecta que lo es todo, es hasta tu propia alma.

Abrí mis ojos y recordé el sitio, la miré y sentí profundas ganas de besarla, de abrazarla me entregaba a aquel sentimiento divino que era más fuerte que yo. Recostándome observe el techo que se veía tan oscuro e inalcanzable, cada vez más lejos de mi, levitaba dentro de mi realidad, mi alma nadaba tranquila en un mar de sueño, de calma de paz. Y es que amarla es el ecstasy de todos mis días, amar es la salvación del alma.

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