Arte poética

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que mas vive, siempre es la mas vivida.

Un mal verso supera la mas perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.

Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.

Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.

Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.

Y sobre todo, en arte y vida, se diverso,
pues solo así tu mente revivirá en tu verso.

by José A. Buesa

Simón Bolívar, la Campaña Admirable y El Libertador

A un mes de conmemorar la llegada de Bolívar a Caracas y la entrega del título de El Libertador, un 14 de octubre

En 1813, El Gobernador de Caracas, Cristóbal Mendoza, en nombre del pueblo venezolano, nombra a Simón Bolívar capitán general de los Ejércitos de Venezuela y le confiere el título de El Libertador.

Bolívar, a través del Manifiesto de Cartagena, solicita al congreso de la Nueva Granada que le entregue un ejército con el cual planea liberar a Venezuela que se encontraba bajo el asedio español. Le imponen como condición liberar primero algunas regiones de la actual Colombia. Posteriormente, al llegar a Cúcuta, Bolívar entra a Venezuela por cordillera de Los Andes, sufriendo los embates propios de las condiciones geográficas de la región. A su paso, va liberando los pueblos del occidente de Venezuela, tratando de digerir la barbarie cometida por los realistas en estas poblaciones después de la pérdida de la Primera República. Al llegar a Trujillo escribe el “Decreto de guerra a muerte” y sigue avanzando, decididamente, hasta la ciudad de Caracas a la cual arriba el 6 de agosto de 1813. A los pocos días, un 14 de octubre, recibe el título y escribe "Libertador de Venezuela: título más glorioso y satisfactorio para mí que el cetro de todos los imperios de la Tierra..."

El acto de entrega del título se celebró en la Iglesia de San Francisco, ubicada frente a la Asamblea Nacional en la Avenida Universidad, Esquina de San Francisco, en su ciudad natal Caracas.



Decreto de Guerra a muerte



Simón Bolívar, Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejército del Norte, Libertador de Venezuela.

A sus conciudadanos Venezolanos:


Un ejército de hermanos, enviado por el Soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las Provincias de Mérida y Trujillo.

Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos y establecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.

Tocados de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así, pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia y mostrar a las naciones del universo que no se ofende impunemente a los hijos de América.

A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, a abrirles por última vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir entre nosotros pacíficamente, si detestando sus crímenes y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de la España y al restablecimiento de la República de Venezuela.

Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y por consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado serán reputados y tratados como americanos.


Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de la senda de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de Americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de vuestros hermanos.

Esta amnistía se extiende hasta los mismos traidores que más recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida que ninguna razón, causa o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis para excitar nuestra animadversión.

Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.

Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813.

Simón Bolívar

Mi tributo a Papa Levante

Comenzaba yo a estudiar en la Universidad Central de Venezuela, por el año 2001, cuando conocí a las seis especiales chicas de "Papa Levante". Fue gracias a mis amigas Cristina Aguilá y Maui Tricas, de ascendencia española, como di con este excelente grupito gaditano español. Las chicas eran oriundas de Sanlúcar, un pueblito de Cádiz, al sur de la bella España, en la comunidad autónoma de Andalucía (mi amor universitario) y, obviamente, influenciadas por el flamenco.

Las Papa Levante tocan una música que a casi nadie le gusta por estos lares, un flamenco modernizado, con las largas voces y las influencias árabes propias de 400 años que dejaron los moros en el sur de la madre patria. Sin embargo, soy amante de este género musical que ha venido cambiando y evolucionando gracias a las influencias de la era moderna del rock y el europop. Conozco casi todo lo referente al flamenco clásico, a los cantaores, Paco de Lucía, Tomatito, Camarón de la Isla, Manzanita, entre otros. Ahora, volviendo a lo que nos importa, las chicas de Papa Levante, que para aquel entonces tenían edades entre los 20 y 24 años como yo, dedican sus letras a romper los tópicos de la sociedad española. Su público, mayoritariamente, eran jovencitas entre los 12 y 20 años. Frescas, jóvenes, dulces y sin un bisturí encima, estas españolas hicieron historia, por lo menos en mi (jajaja).



Para el año 2001 lograron colocar un hitazo de verano "Me pongo colorada" pero no fue con esa canción con la que conquistaron mis oídos, fue con "Ya habibi" (mi favorita). Bueno, no puedo darles una biografía de las Levante, pero los invito a mirar estos links: Papa Levante en Wikipedia, y mi favorita, la historia de las Papa Levante.



No sólo las Papa Levante eran las que sonaban en las radios españolas (y mundiales), en esa época también lo hacían las hijas del Tomatito, Las Ketchup con su Aserejé. ¡Vaya qué verano el que viví en el 2001!. Las Levante parecen a Las Grecas modernas, de Las Grecas hablaremos en otra oportunidad. El flamenco tiene aún mucho que decirnos.

Para la tarde les traigo el "toma que toma" gitano, que ellas mismas llamaron "Tomalacate" y el mp3 de mi favorita "Ya habibi"

Esta entrada se las dedico a estas chicas que me arrancaron sonrisas, me ayudaron a estudiar los cursos de Literatura Española que vi en la Universidad, y que pasé tardes enteras tomando vino tinto, escuchándolas con Kiki en su casa en Bello Monte, aquí en Caracas, Venezuela. Porque como el disco de los gitanos a García Lorca decía "el flamenco es cultura" los invito a escuchar a estas maravillosas chicas que, con mucha lástima, se separaron comenzando el 2008.


El seminarista de los ojos negros

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...


By Miguel Ramos Carrión

Erótica y estrategia

Porque el amor no es más que un campo de batalla en el que ambos salimos vencedores... A.E

By Juan Daniel Perrotta


Balbuceas algo sobre nuestra amistad
y retrocedes
como delimitando una zona de seguridad
ante la inevitable guerra
Yo pongo mi índice sobre tus labios
después de
claramente
acercarme a tus fronteras
Digo que bien sabes el afecto que te tengo
Artero
debilito tus posiciones artilladas
dejando caer besos explosivos
haciendo que mis labios desciendan
paracaidistas
al sur
al sur
entre la fronda
Y debe ser cierto
que el sur es estratégico
importante
a juzgar por lo encarnizado de la batalla
que ahora allí se libra
mientras contraes
contraes
desesperada
como queriendo expulsar
la avanzada de mi ejército
que golpea
acompasadamente
en tu territorio

La Gran Sabana

By sol


The joys of life settled all around me and I live every minute as if it is was my last and every second like I will live forever. While I am on this earth, I find nothing that pleases me as much as being able to dream, memories of numerous family encounters, and the relaxing sound of the dripping rain as I try to fall asleep surround me.

As an antique soul, I would have my ears filled with the world’s wonders, the intoxicating sound of Kenny-G’s saxophone, and the resonating vowels of the Japanese language. I want to hear my grandmother play the piano on Sunday evenings, or the sound of my aunt’s voice as it teaches me the ways of its chords. The chirping birds that wake me up every morning, and the thunders of a coming storm, all make up the music that fills my ears day to night.

My blue eyes will gladly receive colors: all the shades of green that a Venezuelan mountain could give me, and the wide spectrum of a clouded sky. I like the red of my blood as it symbolizes the passion that all of us have running through our veins. As I love the earthy tones of wall stones that make up most of my childhood, and the sweet blues of the Greenland water, I also enjoy the snowy white of a mountain with its winter coat that fills my memories with indelible moments everlasting.

Let taste and smell be firmly joined, as the sexual encounter of first time lovers. Remembering the time I tasted sizzling Paella, and the cuisine smell that fill my nostrils exotically until this day. Give me the smell of my mother’s pillows as it is indefinite, motherly and familiar. To have the eloquent taste of a lover’s delicate mouth, and the specific scent that fills their body and soul.

And the sense of touch – last, but hardly least. I wish for the feel of a newborn kitten, and the breeze of a cold morning. I welcome the touch of fresh cut grass, and fatherly hugs. I need a soft pillow and a lending hand on a time of struggle. Cold water in the middle of the night, and hot water right before bed, but the touch that I absolutely must have, are the hands that undress my soul and connects me with my ultimate soul mate.





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